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Arquitectura/Diseño: Piedras para tocar con manos y pies

(Diciembre 2010) Es un fenómeno que se puede observar en cada feria: cuando se expone una piedra especialmente bella, todos se acercan para tocarla. Parace existir en la piedra una especie de fuerza que nos atrae y nos hace colocar nuestra mano sobre ella.

Esto resulta interesante en tanto que cualquier visitante de una feria del sector conoce el tacto de una piedra, en la mayoría de los casos pulida. No obstante, se acerca para tocarla.

Por otro lado, hay otros materiales con una superficie similar: por ejemplo, un trozo de vidrio y una placa de metal. Pero nadie se acercaría a tocarlos.

Además, algunas personas tienen una „piedrecita de la suerte“ en el bolsillo o en salpicadero del coche, a las que recurren cuando se sienten estresados.

Parece tratarse de un fenómeno que nos afecta a todos. Veamos entonces si los antiguos mitos nos ayudan a comprenderlo.

En los mitos griegos encontramos la historia de Hércules, que tiene que luchar con Anteo, un malvado ladrón, que es invencible porque su madre, Gea, la diosa de la tierra, le transmite energía a través del suelo.

A Hércules le lleva un tiempo comprender porqué ese tipo se vuelve a levantar sin un rasguño una y otra vez cada vez que él consigue tirarlo al suelo. Pero luego resuelve la tarea con gran destreza: levanta a Anteo, separándolo así de su fuente de energía, y le rompe los huesos.

En el Corán hay también una historia relacionada con nuestro tema, que nos narró un comerciante del sector de origen turco: cuando uno, de pura rabia, no sabe qué más hacer, hay que sentarse en el suelo, dice el libro sagrado de los musulmanes. De esta manera, se tranquiliza uno.

Quizá tanto las historias antiguas como la piedrecita de la suerte, y algunas de nuestras experiencias en las ferias, sólo indican que el contacto con la superficie de la piedra nos puede ayudar a regular nuestras energías: un exceso de energía puede ser desviado o se puede absorber una cantidad agradable de energía.

Pensemos ahora en las emociones, que son una forma de energía de nuestro cuerpo. El tema empieza a resultar interesante: ¿Nos pueden ayudar las piedras a manejar nuestras emociones?

Aquí debemos hacer un inciso para evitar el tufillo a exceso esotérico: mediante el contacto con una piedra no fluye ningún tipo de energía en ninguna dirección. No se trata de algo que se pueda medir.

Lo que sucede más bien es que la piel genera señales que llegan al cerebro. La piedra actúa como una especie de catalizador, por expresarlo en términos químicos.

Es interesante observar que el contacto con la superficie de la piedra no suele ser en forma de tanteo, con la punta de los dedos, como haríamos para comprobar la calidad de algo.

Al tocar una piedra, lo hacemos, como ya hemos dicho, situando la palma de la mano sobre ella.

Este aspecto es investigado de forma intensa en otros campos, por ejemplo, por los diseñadores de tiradores para las puertas. El objetivo de sus diseños es que la superficie ofrezca algo tangible y fácil de agarrar. Un agarre fuerte es interpretado por nuestro cerebro como algo seguro, que nos ayuda a dominar una situación.

Y ahí está otra vez la energía generada en la mano e interpretada en forma de emoción por el cerebro.

Y con esto llegamos a la cuestión de si se podría utilizar la piedra como catalizador de situaciones donde el dominio de nuestras emociones no resulta fácil.

Por ejemplo, en la sala de espera del dentista. ¿Podría ayudar el hecho de tocar piedra al que está esperando? Digamos, un apoyabrazos de piedra.

O en un hotel, donde uno nunca se siente realmente como en casa: ¿podría ayudar la colocación de „piedra para tocar“ en las paredes del ascensor? O podría encontrarse en la habitación un objeto de piedra en el que poder reposar la mano, tras dejar el equipaje, y sentirse como en casa.

Para terminar, la situación más emocional, al lado de la tumba de un ser querido: ¿no sería de ayuda para el duelo que la lápida se encontrase en la parte delantera, de forma que nos podamos apoyar en ella o incluso sentarnos y colocar las palmas de la mano en su superficie?

Hemos comentado el tema recientemente con el diseñador italiano Raffaello Galiotto, que ya ha trabajado en un proyecto sobre este tema: en colaboración con las empresas del valle del Chiampo, ha desarrollado „Un Bagno Locale” („Un baño local”). Se trata de espacios húmedos totalmente de piedra que invitan a disfrutar del agua y del calor en la piel. Con pies y manos, podríamos decir.

Y esto no es todo: en „Un Bagno Locale”, el visitante se puede llevar un recuerdo de ese momento de bienestar en forma de baldosa de 5 cm x 14 cm, con un bonito envoltorio. El proyecto se llamó Mamo Naturale Contract.

Además: la piedra no es para nada el único material frente al que nuestra piel reacciona de forma emocional. Las castañas, por ejemplo, recién peladas, proporcionan una emoción aún mayor. Pero ésta se pierde en cuanto se secan.